Text Box: Quienes no lo hicieron tuvieron que cumplir no sólo con las tareas académicas propias de la enseñanza y además con los ordenamientos que como servidores públicos les encomendaba el gobierno. No en balde los maestros fueron durante toda esta época el instrumento más confiable de apoyo a la política del ejecutivo en turno. Por ese motivo cuando el gobierno federal mexicano dispuso la aplicación del contenido de algunos artículos de la Constitución Política, que habían permanecido como letra muerta, entonces hubo que echar mano de los profesores para que convencieran a la sociedad sobre esas disposiciones. De esta forma las tareas de los profesores los colocó como reaccionarios de la gente y favorecedores del gobierno.

Se inició así un descontento entre las personas que veían en los profesores no a sus compañeros de clase sino a unos extraños y poco a poco unos enemigos. Varios fueron los hechos que orillaron a la desconfianza y repudio de los profesores. El presidente Lázaro Cárdenas queriendo imponer un sello especial a la educación mexicana, señaló que su política educativa fuera socialista, lo que no se comprendió adecuadamente ni siquiera por los profesores. Más tarde y como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial en que estaban envueltos muchos países del mundo, el nuestro con el propósito de preparar personal para la defensa u orientación a la sociedad en caso de que México fuera tomado como punto de entrada de los guerreros, el gobierno impuso el servicio Militar Obligatorio. Esto consistía en que los jóvenes mayores de 18 años iniciaran el entrenamiento de ejercicios físicos para defenderse de algún ataque. 

En esa ocasión el gobierno encomendó a los profesores que fueran las personas que instruyeran a los señores en cada uno de los lugares donde se localizaban. De manera que al ser enterados de esa nueva responsabilidad empezaron a cumplirla y de inmediato se encontraron con la resistencia de la sociedad, que no vaciló en hincar estrategias para contrarrestar aquello que consideraban como atropello. En la región de Miguel Auza, Juan Aldama, Río Grande y Nieves, del estado de Zacatecas la gente se organizó y preparó un ataque armado contra los profesores. La lucha inició el 27 de diciembre de 1942 en la población de Nieves. 

Sería la una de la tarde, soplaba sin cesar un viento fresco del frío de invierno que cala hasta los huesos en esa región, el sol con sus débiles destellos no calentaba y se escondía entre espesos nubarrones. Los cerros que circulan el caserío permanecían inmóviles como incrédulos del fatal acontecimiento que se iba a realizar esa fecha. La gente, la poca gente que ignoraba la conspiración y que acudió a misa de medio día ese domingo, se encaminaba serenamente  hacia sus hogares sobre aquellas solariegas calles del pueblo.

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