Text Box: Testigos presénciales de los primeros incidentes como Lázaro Briones que ocasionalmente se hallaba en la plaza de armas del lugar, decía que recordaba haber visto al profesor Adame portando una escopeta y presuroso se encaminaba sobre la calle Hidalgo frente a la plaza, tal vez con ¡a intención de hacer frente a los alzados; pero éstos rápidamente lo asesinaron a golpes y machetazos, quedando su cuerpo tirado en la calle a espaldas del actual monumento a Luís Moya. 

La prensa informaba al día siguiente que el gobierno había logrado capturar como presuntos responsables de tales latrocinios a los señores Juan Balderas Hernández, J. Jesús de la Rosa, Manuel Silva Estrada, Teófilo Silva y María del Refugio Arreola. 
Y días más tarde el propio gobierno federal por conducto de un pelotón del ejército tomó el control y en una asonada despiadada sin ninguna investigación asesinó a una multitud de personas, muchas de las cuales seguramente eran inocentes e indefensas. La brutalidad de las fuerzas armadas acabó con ese brote de insurrectos que se resistían a ser reclutados a los pelotones de defensa en caso de alguna contingencia nacional. 

Ojala la historia descubra algún día el móvil de tales errores e ilustre la necesidad de evitar repetirlos en el futuro.
Es deseable que no vuelvan a repetirse esas malas experiencias.
 Tomás Dimas Arenas

La rebelión inició tras un ruido estruendoso que se lanzó en lo alto del cerro de La Boquilla en la población de Nieves, señal que indicó a los alzados emprender el ataque a los profesores, y al enterarse de tales acontecimientos de inmediato algunos de éstos se parapetaron en la azotea del templo parroquial de ese lugar para contener la rebelión; pero no lograron hacerlo porque era más la multitud de los alzados que la de los defensores y en breves minutos fueron en busca del profesor Adame, y en su domicilio de inmediato asesinaron a su hermano Pedro.

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