Text Box: Lo que hacen es utilizarse de los pocos metales que pueden adquirir, y de un día en otro que van dejando los dichos tepetates dentro de las minas, cuando acuerdan ya las tienen enzolvadas, abochornadas, y por consiguiente imposibilitadas de poder trabajar en ellas; y verificado esto en una, se mudan a otra y hacen lo mismo. Y con este estilo de trabajar las tienen todas aniquiladas, por cuyo motivo se halla este mineral en una total 
decadencia; siendo así que, por los vestigios de cimientos y graseros de haciendas de fundición que se encuentran en este real, se viene en conocimiento haber sido de alguna opulencia. 

Adelante de el puesto de San Lucas, en el cerro que nombran San Pedro, se hallan trabajadas unas minas de muy corto hondor; su yeta es angosta al modo del caliche el metal, y la cinta más ancha es de seis dedos. Al nordeste, cuarta al norte, a un lado del puesto de Atotonilco, se halla un cerro de mediana elevación; donde se encuentran unas bolsas de metal muy relumbroso, especie de plomo; el que llaman los mineros espadaño, porque lo consume el fuego y no produce nada.

A distancia de una legua, por el rumbo dicho se halla otro cerro, en el cual hay algunas minas trabajadas de corto hondor; sus metales son amarillos. 
Más acá de Cobadonga, en un cerro que llaman El Espíritu Santo, al nordeste, se hallan trabajadas unas minas; las que por su profundidad se conoce son antiquísimas y totalmente abandonadas; y esto mismo acontece con las mencionadas anteriores, y con otras que se hallan en los cerros de el Real de San Juan.

A un lado de La Cieneguilla se hallan abiertas unas catas, en una yeta del anchor de tres cuartas; sus metales son encarnados, mosqueados de negro, formados de una guija blanca muy dura; a los que no se les ha encontrado ley alguna, sin embargo de que se han hecho varias experiencias. 

En el cerro de Santiago, que tengo expresado, es mineral en donde se encuentran innumerables vetas, aunque angostas, pues la más ancha no pasa de cuarta y media, y en las que se han trabajado se tiene por experiencia que a profundándolas se estrechan más; de manera que no tiene cuenta el laborearlas por lo muy duro del panino, sin embargo de ser sus leyes razonables por beneficio de patio. 

En los años pasados de sesenta y nueve hasta el setenta y dos, se trabajaron con alguna formalidad las dichas minas por unos mineros de El Fresnillo que las vinieron a poblar; los que las dejaron en vista de no poderse costear por la suma dureza de dichas minas y el poco metal que producían; por cuya razón solamente se ha quedado trabajando un minero, y este mantiene su hacienda con sólo los metales que despuntan de los crestones de dichas vetas.

Joseph  Mathías  De  Vergara

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